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HECHOS DE LOS APOSTOLES Capítulo 21 Options
gfduda
Posted: Tuesday, November 24, 2020 3:56:27 AM

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Capítulo 21
1 Después de separarnos de ellos, nos embarcamos y fuimos derecho a Cos; al día siguiente, llegamos a Rodas y de allí pasamos a Pátara.
2 Como encontramos un barco que iba a Fenicia, subimos a bordo y partimos.
3 Avistamos la isla de Chipre y, dejándola a nuestra izquierda, seguimos navegando en dirección a Siria, hasta que por fin, atracamos en el puerto de Tiro, donde el barco debía descargar.
4 Allí encontramos a algunos discípulos y permanecimos una semana con ellos. Estos, iluminados por el Espíritu, aconsejaban a Pablo que no subiera a Jerusalén,
5 pero llegado el momento de partir, proseguimos nuestro viaje. Todos nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad, incluso las mujeres y los niños. En la playa nos arrodillamos para orar,
6 y habiéndonos despedido, nosotros subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.
7 De Tiro fuimos a Tolemaida, poniendo así término a la travesía. Allí saludamos a los hermanos y nos detuvimos un día con ellos.
8 Al día siguiente, volvimos a partir y llegamos a Cesarea, donde fuimos a ver a Felipe, el predicador del evangelio, unos de los Siete, y nos alojamos en su casa.
9 El tenía cuatro hijas solteras que profetizaban.
10 Permanecimos allí muchos días, y durante nuestra estadía, bajó de Judea un profeta llamado Agabo.
11 Este vino a vernos, tomó el cinturón de Pablo, se ató con él los pies y las manos, y dijo: «El Espíritu Santo dice: Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinturón y lo entregarán a los paganos».
12 Al oír estas palabras, los hermanos del lugar y nosotros mismos rogamos a Pablo que no subiera a Jerusalén.
13 Pablo respondió: «¿Por qué lloran así y destrozan mi corazón? Yo estoy dispuesto, no solamente a dejarme encadenar, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús».
14 Y como no conseguíamos persuadirlo, no insistimos más y dijimos: «Que se haga la voluntad del Señor».
15 Algunos días después, terminados nuestros preparativos, subimos a Jerusalén.
16 Iban con nosotros algunos discípulos de Cesarea, que nos hicieron alojar en casa de un tal Mnasón de Chipre, un discípulo de la primera hora.
17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.
18 Al día siguiente, Pablo fue con nosotros a casa de Santiago, donde también se reunieron todos los presbíteros.
19 Después de saludarlos, Pablo expuso detalladamente todo lo que Dios había hecho entre los paganos a través de su ministerio.
20 Ellos alabaron a Dios por lo que acababan de oír, pero le advirtieron: «Tú sabes, hermano, que millares de judíos han abrazado la fe, y que todos ellos son celosos cumplidores de la Ley.
21 Ahora bien, ellos han oído decir que con tus enseñanzas apartas de Moisés a todos los judíos que viven entre los paganos, diciéndoles que no circunciden a sus hijos y no sigan más sus costumbres.
22 ¿Qué haremos entonces? Pronto seguramente se van a enterar de tu llegada.
23 Tienes que hacer lo que te vamos a decir: Aquí tenemos a cuatro hombres que están obligados por un voto:
24 llévalos contigo, purifícate con ellos y paga lo que corresponde para que se hagan cortar el cabello. Así todo el mundo sabrá que no es verdad lo que han oído acerca de ti, sino que tú también eres un fiel cumplidor de la Ley.
25 En cuanto a los paganos que abrazaron la fe, les hemos enviado nuestras decisiones, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales».
26 Al día siguiente, Pablo tomó consigo a esos hombres, se purificó con ellos y entró en el Templo. Allí hizo saber cuándo concluiría el plazo fijado para la purificación, es decir, cuándo debía ofrecerse la oblación por cada uno de ellos.
27 Casi al final de los siete días, cuando los judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el Templo, amotinaron a la multitud y se apoderaron de él,
28 gritando: «¡Socorro, israelitas! Este es el hombre que predica a todos y en todas partes contra nuestro pueblo, contra la Ley y contra este Templo, y ahora ha llegado a introducir en él a los paganos, profanando este lugar santo».
29 Decían esto porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo de Efeso, y creían que Pablo lo había introducido en el Templo.
30 La ciudad entera se alborotó, y de todas partes acudió el pueblo. Se apoderaron de Pablo, lo sacaron fuer del Templo y cerraron inmediatamente las puertas.
31 Ya iban a matarlo, cuando llegó al tribunal de la cohorte la noticia de que toda Jerusalén estaba convulsionada.
32 En seguida el tribuno, con unos soldados y centuriones, se precipitó sobre los manifestantes. Al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
33 El tribuno se acercó, tomó a Pablo y mandó que lo ataran con dos cadenas; después preguntó quién era y qué había hecho.
34 Todos gritaban al mismo tiempo, y a causa de la confusión, no pudo sacar nada en limpio. Por eso hizo conducir a Pablo a la fortaleza.
35 Al llegar a la escalinata, los soldados tuvieron que alzarlo debido a la violencia de la multitud,
36 porque el pueblo en masa lo seguía, gritando: «¡Que lo maten!».
37 Cuando lo iban a introducir en la fortaleza, Pablo dijo al tribuno: «¿Puedo decirte una palabra?». «¿Tú sabes griego?», le preguntó el tribuno.
38 Entonces, ¿no eres el egipcio que hace unos días provocó un motín y llevó al desierto a cuatro mil terroristas?».
39 «Yo soy judío, dijo Pablo, originario de Tarso, ciudadano de una importante ciudad de Cilicia. Te ruego que me permitas hablar al pueblo».
40 El trino se lo permitió, y Pablo, de pie sobre la escalinata, hizo una señal al pueblo con la mano. Se produjo un gran silencio, y Pablo comenzó a hablarles en hebreo.
gfduda
Posted: Tuesday, November 24, 2020 3:58:12 AM

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capítulo 21

1 Quando chegou o momento de partirmos, como que arrancados dos braços deles, navegamos diretamente para a ilha de Cós. No dia seguinte, chegamos a Rodes, e daí fomos até Pátara,
2 onde encontramos um navio que fazia a travessia para a Fenícia;embarcamos e seguimos viagem.
3 Chegando à vista de Chipre, deixamo-la pela esquerda e continuamos a nossa viagem em direção à Síria. Desembarcamos em Tiro, onde o navio devia descarregar.
4 Encontramos os discípulos e ficamos aí sete dias. Movidos pelo Espírito, os discípulos diziam a Paulo que não subisse a Jerusalém.
5 Quando chegou o dia de ir embora, partimos. Todos quiseram acompanhar-nos, com suas mulheres e crianças, até fora da cidade. Na praia, nos ajoelhamos para orar.
6 Depois da despedida, embarcamos, e eles voltaram para casa.
7 Continuando a nossa viagem por mar, de Tiro chegamos a Ptolemaida. Aí cumprimentamos os irmãos e ficamos um dia com eles.
8 No dia seguinte, partimos e chegamos a Cesaréia. Aí fomos à casa de Filipe, o evangelista, que era um dos Sete, e nos hospedamos em sua casa.
9 Filipe tinha quatro filhas solteiras, que profetizavam.
10 E, enquanto passávamos alguns dias aí, desceu da Judéia um profeta chamado Ágabo.
11 Ele veio ao nosso encontro, pegou o cinto de Paulo e, amarrando os próprios pés e mãos, declarou: “Isto é o que diz o Espírito Santo: o homem a quem pertence este cinto será amarrado deste modo pelos judeus, em Jerusalém, e será entregue às mãos dos pagãos”.
12 Quando ouvimos isso, nós e os irmãos da cidade insistimos para que Paulo não subisse a Jerusalém.
13 Mas Paulo respondeu: “O que estais fazendo, chorando e afligindo o meu coração? Eu estou pronto, não somente para ser preso, mas até para morrer em Jerusalém pelo nome do Senhor Jesus”.
14 Não conseguimos convencê-lo. Então desistimos, dizendo: “Seja feita a vontade do Senhor”.
15 Depois de alguns dias, terminamos os nossos preparativos e começamos a subir a Jerusalém.
16 Alguns discípulos de Cesaréia nos acompanharam e nos levaram, para hospedar-nos na casa do chamado Menásson, que era antigo discípulo, natural de Chipre.
17 Quando chegamos a Jerusalém, os irmãos nos receberam com alegria.
18 No dia seguinte, Paulo foi conosco à casa de Tiago, onde todos os anciãos estavam reunidos.
19 Depois de cumprimentá-los, ele expôs minuciosamente o que Deus fizera aos pagãos por meio do seu ministério.
20 Ouvindo isso, eles glorificavam a Deus. Mas, a seguir, disseram a Paulo: “Como podes ver, irmão, há milhares de judeus que abraçaram a fé, e todos são fiéis observantes da Lei.
21 Eles ouviram dizer a teu respeito que ensinas a todos os judeus que vivem no meio dos pagãos a abandonarem Moisés, e que lhes dizes para não circuncidarem seus filhos, nem continuarem a seguir as tradições.
22 Que vamos fazer? Certamente ficarão sabendo que tu estás aqui.
23 Portanto, faze o que vamos dizer-te. Estão aqui quatro homens que têm uma promessa para cumprir.
24 Leva-os contigo, purifica-te com eles, paga as suas despesas para que possam mandar cortar os cabelos. Assim, todos saberão que os boatos a teu respeito não têm fundamento e que tu também és fiel na observância da Lei.
25 Quanto aos pagãos que abraçaram a fé, já escrevemos a eles sobre nossas decisões: abster-se de carnes imoladas aos ídolos, de sangue, de carnes sufocadas e de uniões ilícitas”.
26 Então Paulo levou os homens consigo. No dia seguinte, purificou-se com eles e entrou no templo, comunicando o prazo em que devia ser oferecido o sacrifício de cada um deles, logo após os dias da purificação.
27 Quando os sete dias estavam chegando ao fim, os judeus da Ásia perceberam que Paulo estava no templo. Amotinaram toda a multidão e o agarraram.
28 Gritavam: “Israelitas, socorro! Este é o homem que anda ensinando, a todos e por toda a parte, contra o nosso povo, contra a Lei e contra este Lugar. Além disso, ele trouxe gregos para dentro do templo, profanando este santo Lugar”.
29 De fato, antes eles tinham visto Trófimo, o efésio, junto com Paulo, na cidade, e julgavam que este o tivesse introduzido no templo.
30 A cidade toda ficou agitada. O povo se ajuntou. Apoderaram-se de Paulo e o arrastaram para fora do templo, e imediatamente as portas foram fechadas.
31 Já estavam prontos para matá-lo, quando chegou ao comandante da coorte esta notícia: “Jerusalém inteira está amotinada”.
32 O comandante destacou imediatamente soldados e oficiais, e investiu contra os manifestantes. Estes, vendo o comandante e os soldados, pararam de bater em Paulo.
33 Então o comandante aproximou-se, deteve Paulo e mandou que o prendessem com duas correntes; depois perguntou quem ele era e o que havia feito.
34 Na multidão, uns gritavam uma coisa e outros, outra. Não podendo, por causa do tumulto, obter informação segura, o comandante ordenou que conduzissem Paulo para a fortaleza.
35 Quando chegou junto aos degraus, teve de ser carregado pelos soldados, por causa da violência da multidão.
36 Pois o povo o seguia em massa, gritando: “Fora com ele!”
37 Estando para ser recolhido à fortaleza, Paulo disse ao comandante: “Posso falar contigo?” Este admirou: “Sabes o grego?
38 Por acaso, não és tu o egípcio que, dias atrás, subverteu e arrastou ao deserto quatro mil sicários?”
39 Paulo respondeu: “Eu sou judeu, cidadão de Tarso, cidade importante da Cilícia. Agora, peço-te, deixa-me falar ao povo”.
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